Doña Jovita una notable vecina que por muchos años vivió en el barrio, al oriente de la ciudad de México y que recientemente había sido operada de un brazo, hizo la promesa a la Virgen de Guadalupe, que si salía bien de esta operación, iría de rodillas desde su casa hasta la Basílica de la Villa, distante unos 30 kilómetros. Cuestión que levanto sorpresa, “¿de rodillas a la Villa?” decían eso es algo imposible, son muchos kilómetros, decía la gente con gran sorpresa.
Se conocía por los vecinos como una persona introvertida, callada y de mal genio, pero que se dedicaba a prestar dinero a rédito y al empeño de algunas cosas de valor.
Días antes de su anunciado evento, Jovita entrego algunos vecinos una invitación escrita testificando el día, la hora y el lugar de la cita.
Siempre me he preguntado de las penitencias que la gente se pone a favor de algo pedido a una santidad y también siempre he pensado si a los santos les gustan esos sacrificios de la gente. En mi vida había visto personas que entraban al templo hincadas desde la entrada con pencas de nopal a sus espaldas y con gestos de dolor en sus rostros.
Pero lo que doña Jovita pretendía hacer era algo que rebasaba la idea del sacrificio. Pensé mucho en hablar con ella y convencerla que no lo hiciera dado a su avanzada edad y su recién operación treinta kilómetros son muchos. Más nunca me atreví a decir nada por respeto a su decisión.
Pero no hay fecha que no se cumpla y llego el día esperado, era medio día el sol quemaba, pero la gente esperaba la salida de doña Jovita de su casa, algunas se ofrecieron ser madrinas acompañantes voluntarias y llegaron de tenis y pans para realizar el viaje, otras personas tenían ramos de flores en sus manos, lo cual indicaba que la acompañarían hasta la Villa y entregarían las flores en el altar. Por ahí no falto la vecina que llevara algún garrafón de agua y emparedados para el camino.
Al fin salio doña Jovita con una almohada en la mano vestida de un pans suelto de color brillante.
Esta fue ovacionada como si se tratara de un personaje celebre, se para en la puerta unos minutos y mira fijamente a los vecinos que presenciábamos el inicio de la odisea.
Un pequeño Taxi de los llamados Vochos (Volkswagen) que carecen del asiento delantero del copiloto se acerca a donde esta Jovita, en seguida se sube, se inca dentro del Taxi, abre sus brazos y se encamina con rumbo desconocido.
Mis ojos no podían creer a tal granuja, cumplió la promesa de ir hincada a la Villa pero fue a bordo de un vehiculo que no tardaría mas de 30 minutos en llegar, para eso tenia la almohada para acomodarla en el interior del taxi.
Que gran desconcierto tenia, si bien algunaza vez le pedí a dios para que no lo hiciera, me quedo un sentimiento de engaño, de hecho todos lo vecinos nos quedamos mirándonos, algunos soltaron la carcajada, lo que paso después fue inevitable, al calor de la platica la señora del agua y las tortas de jamón termino repartiéndolas a los que estábamos sentados en la banqueta y no falto alguno que trajo las cervezas de la tienda formando un día de campo en medio de la calle.
Ahora creo que la mayor penitencia es la que se lleva en el corazón y que solo sale cuando la sonrisa aparece.
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