México hasta de la muerte se hace fiesta ó como dice mi compadre Pancho “a mi la calavera me pela los dientes”
Y es que en mi país la muerte la festejamos durante el primero y el dos de noviembre de muy diferentes formas algunas tan folclóricas como mágicas.
Uno de nuestros grandes maestros del arte popular mexicano fue sin lugar a dudas, José Guadalupe Posadas considerado un verdadero artista del pueblo, estampo en sus grabados alusiones a la muerte, bautizándola como “La Catrina”.
Estampas que en la actualidad se visualizan en nuestro tradicional día de muertos, si bien la influencia gringa del halloween y la excesiva tendencia comercial de los disfraces toman importancia, nada se compara a los cuadros de celebración en
los poblados de la ribera del lago de Pátzcuaro y sus islotes que son por excelencia los lugares donde año con año se celebra la fiesta de muertos.
Otros lugares como San Andrés Mixquic se dan a la tarea de confeccionar los altares para muertos y de preparar las ofrendas con las que han de invitarlos a visitar su antiguo hogar. Según la creencia popular, las ánimas empiezan a llegar al pueblo el 1º de noviembre a las 12 del día, cuando el sol pasa por el cenit.
El día 2 a las 4 de la tarde, se escuchan las campanas del convento Agustino y las familias de Mixquic se dirigen en silencio al campo santo donde entre flores de cempasúchil, gladiolas y veladoras encendidas rezarán por las almas de sus parientes fallecidos.
Aun que para ser honesto, también es agradable ver a los chiquitos por la calle disfrazados de de brujas, vampiros y momias pedir su calaverita, que no es otra cosa que llenar algún recipiente de cuanto dulce almacenen en una noche.
Por ello este mes lo dedico a los muertos bajo el pregonar: “me da mi calaverita señito”
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